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Argentina grita campeón ante su gente

Argentina grita campeón ante su gente

El viejo anhelo era una realidad. Tras haberse postulado en muchas ocasiones, recién para la edición de 1978 Argentina logró ser la sede de la Copa del Mundo. Desde la Asociación del Fútbol Argentino por primera vez se había apostado a un proyecto en serio para su selección, con César Menotti a cargo de la dirección técnica desde 1974, asumiendo a pocos meses de una opaca labor en el Mundial de Alemania.

No había sido fácil llegar hasta allí para Argentina y el sorteo le deparaba una zona complicada, el clásico grupo de la muerte, que siempre aparece en cada confrontación. Debía compartir la fase inicial con Hungría, Francia e Italia. Con altibajos, pero con mucha garra para complementar su fútbol, superó a los dos primeros por 2 a 1 y fue derrotado por Italia 1 a 0, por lo que debió viajar a la ciudad de Rosario para la instancia siguiente, quedando la nazionale en Buenos Aires como vencedor del grupo.

Rosario es una de las ciudades más futboleras de Argentina y esa pasión se vio reflejada en las tribunas colmadas del estadio de Rosario Central. Mario Kempes había jugado en ese club con mucho éxito entre 1974 y 1976 y pareció recobrar la memoria al pisar ese césped. No había marcado goles en la etapa inicial y en el arranque de la segunda anotó los dos del triunfo ante Polonia 2-0, partido que contó con otro hecho determinante: Fillol le contuvo un penal a Deyna con el score 1-0.

Pocos días más tarde, en el clásico, igualó en cero con Brasil, quedando la definición entre ellos para la jornada final. El scratch superó a primer turno a Polonia 3-1, por lo que Argentina debía ganarle a Perú por cuatro goles de diferencia. Hecho que consiguió con creces ya que, en una notable tarea, se impuso por 6-0 (Kempes 2, Luque 2, Tarantini, Houseman) para clasificarse a la final.

Ésta tuvo lugar en el estadio de River Plate, ante la poderosa Holanda, que mantenía su poderío de 1974, aunque con la sensible baja de Cruyff. Con dos salvadas extraordinarias, Fillol mantuvo el cero en su arco y sobre el final de la primera etapa, Kempes puso el 1-0. A falta de ocho minutos, Nanninga con golpe de cabeza señaló el empate. Un tiro de Resenbrink se estrelló en un poste a los 89 en forma milagrosa, por lo que la definición debería ser en el tiempo suplementario. Allí Argentina se hizo más fuerte y gracias a la potencia de sus delanteros, logró el 3-1 decisivo con las conquistas de Kempes y Bertoni.

Y así un día como hoy pero de 1978, el viejo anhelo de organizar un Mundial había sido una realidad. Y el de poder gritarle al mundo que era el campeón en su tierra, también.

 

 

 

 

Eduardo Bolaños

 
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